3 Formas prácticas para manejar

Manejar. El camino hacia el éxito puede ser desbaratado por enfrentamientos con personas difíciles, e incluso si el choque no es desastroso, puede hacer tu vida muy desagradable. Todo el mundo tiene una tienda de mecanismos a los que recurrimos cuando nos encontramos en situaciones estresantes.

La gente difícil nos obliga a recurrir a nuestros mecanismos de supervivencia.

Manejar

Algunos de nosotros nos aplacamos, otros se enfrentan. Algunos se resisten, otros se vuelven agresivos. Cuando estas tácticas de primera respuesta no funcionan, y una persona difícil hace que te arranques el cabello con frustración total, tienes que cavar más profundo en ti mismo y encontrar una mejor estrategia.

En primer lugar, no todas las personas difíciles son iguales. Hay tiranos, cascarrabias, agresores, los competidores viciosos, y los obsesivos por el control. Un psicólogo puede delinear cómo podría ser domesticada cada bestia, pero sobre una base del día a día, se puede adoptar un enfoque general que es lo mismo. Es una estrategia muy simple en realidad, basada en tres preguntas.

  1. ¿Puedo cambiar la situación?

  1. ¿Tengo que aguantar?

  1. ¿Debo sólo irme?

Cuando te haces estas preguntas en un marco racional de tu mente, serás capaz de formular un enfoque viable que sea coherente y eficaz. La mayoría de las personas están presas en la inconsistencia. Piensa en la persona más difícil en tu vida y cómo has reaccionado a lo largo del tiempo.

Es probable que encuentres que a veces te pones al día con ellos, a veces intentas conseguir que cambien, y otras veces simplemente quieres alejarte. En otras palabras, tres tácticas se han fusionado en un modo desordenado. Terminas enviando mensajes contradictorios, y eso nunca será efectivo. Así que vamos a considerar, cada una de las tres preguntas en turno.

  1. ¿Puedo cambiar la situación?

No todas las personas difíciles van más allá del cambio, a pesar de que son obstinados y están pegados a su comportamiento. Pero hay una regla cardinal aquí que no puede ser ignorada. Nadie cambia a menos que quiera. La gente difícil raramente quiere hacerlo.

Si tienes una relación cercana con la persona, es posible que encuentres un momento en el que puedas sentarte y tener una discusión franca sobre las cosas que te frustran.

Pero prepárate con una estrategia de salida, porque si tu persona difícil termina resintiendo y diciéndote que metes la nariz donde no debes, tratando de lograr un cambio, puede seriamente explotar. Tu mejor oportunidad de crear un cambio se produce cuando las siguientes cosas están presentes. – Tienes una conexión personal con la persona.

– Te has ganado su respeto.

– Has probado discretamente las aguas y las has encontrado un poco abiertas al cambio.

– Has recibido señales de que quiere cambiar.

– No sientes miedo o intimidación.

– Ustedes dos son bastante iguales en poder. Si la persona difícil está en una posición dominante, como ser tu jefe, tu estado está demasiado desequilibrado.

Una advertencia final. La gente difícil no va a cambiar sólo para que te sientas mejor. La peor posibilidad de alcanzar que otra persona cambie ocurre cuando estás tan enojado, frustrado, y harto que pierdes tu compostura y demandas el cambio.

  1. ¿Tengo que aguantar?

Cuando no puedes cambiar una situación, sólo quedan dos opciones, bien sea aguantarla, o alejarte. La mayoría de nosotros no somos muy eficaces en conseguir que alguien más  cambie, por lo que nos adaptamos de diversas maneras.

Somos expertos en ponernos al día con las cosas. La adaptación no es mala per se; la vida social depende de llevarse bien con los demás.

Es razonable suponer que si tienes personas difíciles en tu vida ahora mismo – ¿y quién no? – Has aprendido a adaptarte. La verdadera pregunta es si le estás haciendo frente de la forma saludable o de la forma no saludable. Mira las siguientes listas, y pregúntate honestamente qué tan bien te estás poniendo al día con tu persona difícil.

No saludable:

– Sigo tranquilo y dejo que ellos sigan su camino. No vale la pena luchar por eso.

– Me quejo a sus espaldas.

– Me cierro emocionalmente.

– No digo lo que realmente quiero decir la mitad del tiempo, por temor a meterme en problemas o perder el control.

– Yo señalo sutilmente mi desaprobación.

– Me involucro en discusiones interminables que nadie gana.

– Tengo síntomas de estrés (dolor de cabeza, nudos en el estómago, insomnio, depresión y ansiedad), pero he decidido sonreír y aguantar.

– Yo sé que quiero salir de esta situación, pero no dejo de convencerme a mí mismo que tengo que aguantar.

– Me complazco con fantasías de venganza.

Saludable:

– Evalúo lo que funciona mejor para mí y evito lo que no.

– Me acerco a la persona difícil de la forma más racional posible.

– No me meto en el drama emocional con ellos.

– Me aseguro de que soy respetado por ellos. Mantengo mi dignidad.

– Puedo ver la inseguridad que se encuentra debajo de la superficie de su mal comportamiento.

– No me detengo en su comportamiento. No me quejo a sus espaldas, ni me quita el sueño.

– Sigo alejado de cualquier persona que no pueda manejar la situación, los quejosos perpetuos, chismosos y cómplices.

– Mi interacción con la persona difícil no tiene ninguna agenda oculta, como la venganza. Estamos aquí para el beneficio mutuo, no para el psicodrama.

– Sé que puedo alejarme cada vez que tenga que hacerlo, así que no me siento atrapado.

– Puedo reír a espaldas de esta persona. No estoy intimidado o asustado.

– Siento un auténtico respeto y admiración por lo que es bueno en esta persona.

Si tu enfoque contiene demasiados ingredientes poco saludables, no debes quedarte. Estas racionalizando una situación desesperada. La relación con tu persona difícil no es productiva para ninguno de los dos.

  1. ¿Debo sólo irme?

La gente difícil generalmente termina sola, asediada y amargada. Crean exceso de estrés, y uno por uno, cada uno en su vida se aleja. Pero puede tomar un agónicamente largo tiempo el tomar esta decisión. El problema es el apego.

La mujer maltratada que no puede dejar a su marido violento, el trabajador que tiene miedo de no poder encontrar otro trabajo, el subalterno que sirve como alfombra para su jefe – en casi todos los casos la razón de su estancia es emocional. La vida no está destinada a ser clínicamente racional. Las emociones son una rica parte de nuestras vidas, y es madura para tomar lo amargo con lo dulce – hasta cierto punto.

Hay demasiadas personas que se quedan cuando no deberían. Las principales excepciones son el tipo competitivo, que no pueden soportar ser dominados o que los hagan quedar mal. Instintivamente huyen de las situaciones que perjudican su imagen de sí mismo.

Los otros tipos de personalidad principales – los dependientes y los controladores – soportarán una mala situación por mucho tiempo, mucho más allá de lo que es saludable.

El punto, en términos prácticos, es que no puedes esperar hasta que hayas resuelto todos tus problemas con un cónyuge difícil, jefe, novio, amigo, colega o empleado.

La vacilación no te hace una persona mejor o más agradable. Estás pisando el agua, con la esperanza de que el temido día nunca llegue, cuando tengas que cortar los lazos. La idea de la separación te genera ansiedad. Pero aunque te sientas ansioso, a veces una ruptura es lo más saludable que puedes hacer.

Ese es el caso si has enfrentado con honestidad las preguntas 1 y 2. Si conoces a la persona difícil eso no va a cambiar, y si has examinado las opciones no saludables y sanas que participan en ponerte al día con ellos, tienes una buena base para hacer la elección correcta:

¿Debo quedarme o debo irme? No estoy prometiendo que tu decisión se sentirá bien. Es probable que no lo haga. Pero va a ser la decisión correcta, de la clase en la cual serás capaz de mirar hacia atrás con un suspiro de alivio, y el reconocimiento de que seguir adelante fue saludable y productivo.

 

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