Los niños religiosos tienen problemas

Religiosos. Un estudio realizado por investigadores, dirigido por Kathleen H. Corriveau de la Universidad de Boston, examinó cómo la exposición religiosa afecta la capacidad del niño para distinguir entre la realidad y la ficción. Ellos encontraron que la exposición religiosa a una edad temprana, tiene un efecto sorprendente: hace a los niños menos capaces, de diferenciar entre la realidad y la fantasía.

Los investigadores presentaron tres tipos diferentes de historias, religiosas, fantásticas y realistas,  a un grupo de niños de 5 y 6 años. Los niños religiosos fueron divididos en tres grupos: los niños expuestos a la religión cristiana, ya sea como fieles que asistían a la escuela pública, los que no eran fieles que asistían a la escuela parroquial, o los feligreses que asistieron a la escuela parroquial. El cuarto grupo de niños incluidos, no asistían a la iglesia, asistieron a la escuela pública, y no tenían exposición a la religión, ni en la iglesia ni en la escuela. El objetivo de la investigación era averiguar, si la exposición religiosa afectaría a la capacidad del niño para identificar, si el personaje principal en cada una de las historias era real, o hacia creer que lo era.

El estudio encontró que los niños que asistían a los servicios religiosos, y fueron inscritos en un colegio de monjas, tenían un tiempo mucho mayor en diferenciar entre la realidad y la ficción, en comparación con los niños de origen no religioso. El estudio, publicado en la revista Cognitive Science, afirma:

“Los resultados sugieren que la exposición a las ideas religiosas, tiene un fuerte impacto en la diferenciación de los niños entre la realidad y la ficción, no sólo para las historias religiosas, sino también para las historias fantásticas.”

El aspecto más sorprendente de la investigación, fue como la crianza de los niños afectó como juzgaron al personaje principal, de las historias fantásticas. Estas historias incluían eventos, provocados por la magia (en el Estudio 1) o sin referencia a la magia (en el Estudio 2), que normalmente son imposibles. Los niños seculares eran mucho más propensos a identificar a los personajes de estas historias como falsos, mientras que los niños con exposición religiosa eran más propensos a  identificarlos como reales.

Los investigadores encontraron que todos los niños, independientemente de su origen religioso, identifican al personaje principal de las historias realistas, como reales. Cuando se les presentaron historias religiosas, que incluían “eventos normalmente imposibles provocados por la intervención divina”, los niños que asistieron a la iglesia o se inscribieron en una escuela parroquial, o ambos, identificaron al personaje principal tan real, que no es inesperado. Por otro lado, los niños sin exposición religiosa juzgaron al protagonista de las historias religiosas, como ficticio.

Los autores del estudio sugieren:

“… Incluso si los niños no tienen inclinación natural a creer en lo divino o en lo sobrehumano, la enseñanza religiosa puede fácilmente llevarlos a hacerlo”.

“… La enseñanza religiosa, especialmente la exposición a las historias de milagros, lleva a los niños a una receptividad más genérica hacia lo imposible, es decir, una más amplia aceptación de que lo imposible puede suceder, en desafío de las relaciones causales ordinarias”.

Los resultados de este estudio podrían llevar a pensar que la religión, intencionadamente o no, se aprovecha de la credulidad natural de los niños y los moldea en la creencia, en el poder de personajes divinos que se presentan en las enseñanzas religiosas, y en literatura como la Biblia. Alrededor del 28 por ciento de los estadounidenses que participaron en la encuesta Gallup 2013-2014, creen que la Biblia es la palabra real de Dios y debe ser interpretada literalmente, mientras que otro 47 por ciento piensa que la Biblia es inspirada por la palabra de Dios. Es bastante claro que no hemos nacido creyentes, pero somos formados en creyentes en función de nuestra exposición a las enseñanzas religiosas.

Es difícil probar si el crecer en un entorno religioso, convierte a los niños en mejores personas, y algunos estudios han demostrado que los niños religiosos son más malos y más punitivos que los niños seculares. El estudio realizado por Corriveau et al. Identifica un efecto agregado de las enseñanzas religiosas, y como ellas crean un gran apoyo para las historias fantásticas y anticuadas, alimentando a los niños desde una edad temprana, dándoles el poder y la capacidad de utilizar la religión para justificar actos poco prácticos, o incluso malévolos.

Fuente:

http://www.wakingtimes.com

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